El dolor.
Muchas veces me pregunté por el dolor, pero al sentirlo, es
diferente. Existen muchas maneras de padecerlo, como marcas cada uno tiene.
Efectos del existir, sentir, amar, odiar, sufrir, callar, alegrarse,
entristecerse… Y seguiría, pero considero que no terminaría. Lo cierto es que
somos TANTO en una persona. Y no me refiero a “tanto” como un halago
narcisista. No. Vivir implica muchísimas cosas (no encuentro palabras que me
permitan llamarlas de otra forma). El mundo se extiende cada vez que uno va
creciendo, y ese encuadre que vamos haciendo de las cosas que nos importan, y
las que no, dependen mucho de nuestra historia. Pero no nos damos cuenta que
nuestro camino lo vamos construyendo y día a día vivimos momentos, momentos que
nos cargan de afecto, momentos que en ese instante no le atribuimos quizá el
sentido, sentido del que después vamos hilvanando a medida que queda fijado en
nuestra memoria. Inevitablemente, memoria selectiva…
Ahora.
Considero que me fui por las ramas. El título de este
documento era “El dolor”. Di tantas vueltas, que considero necesarias, que con
todo esto, quiero decir que el dolor puede ser una resignificación de aquello
que tanto nos perturbó en ese instante, que nos quedamos callados, shockeados,
“pensando”. Como todo, se puede
transformar, sí. Sigo soñando de que así será.
_ Archivo escrito el: 22/08/17.
An.
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